En esa oportunidad se dice que cuando los mencionados guerreros se aproximaban a los lindes de esa localidad locumbeña el vecindario antes de proceder al abandono del pueblo, atendiendo la iniciativa de uno de sus vecinos, Don Salvador Maldonado, determinó ocultar la imagen del Señor Crucificado buscando para el caso el sitio más apropiado. Después de un ligero cambio de ideas numerosos fieles siempre guiados por el citado caballero condujeron al Señor al fundo que en ese tiempo se conocía con el nombre de Hacienda Grande y que actualmente constituye propiedad del señor Carlos Hurtado. En este lugar buscaron sitio apropiado para el ocultamiento; pero como la situación era aflictiva y el tiempo apremiaba, decididamente ingresaron al local de la bodega de esa finca, que era un espacioso depósito de los afamados vinos y licores que por aquellos tiempos producía Locumba. Allí habilitaron un sitio y dentro de un inmenso tinajón que entonces se utilizaba para la fermentación de licores depositaron la Sagrada Imagen con el fin de preservarla del daño que podían procurarle las huestes invasoras, que como ya se ha dicho forzaban su marcha, sedientas de venganza por la trágica suerte que habían corrido los 50 hombres de la patrulla avanzada.

VINOS Y LICORES COMO CAUDAL DE RÍO

Ya hemos anotado que Locumba ha tenido tiempo de maravilloso esplendor por su vasta producción de vinos y aguardientes de óptima calidad y que se procuraba como consecuencia de la elaboración practicada de la uva que producía en las grandes extensiones de viñedos que sin plagas ni inconveniencias climatéricas se cultivaban en toda su extensión de esos valles. Esta producción en gran escala después del trato conveniente se almacenaba en numerosos tinajones de arcilla preparados por expertos alfareros, vasijas que se traían de otras zonas del país. Estos recipientes para que tengan la seguridad necesaria eran enterrados hasta quedar su abertura a flor de tierra y es en ellos donde se almacenaba el licor hasta el momento propicio en que debía ser trasladado por el sistema de arrieraje a los diversos mercados donde se consumía, siendo uno de los de más acentuada demanda el vecino país de Bolivia. De esta manera las numerosas bodegas instaladas en ese Valle almacenaban fuertes cantidades de esa producción vitivinícola que se desarrollaba en gran escala; y ocurrió que cuando los chilenos hicieron su ingreso a ese lugar al encontrarse con el pueblo desolado procedieron sin consideración de ninguna clase a imponer el castigo que a entendimiento de ellos era el que más convenía, practicándose de inmediato un pavoroso incendio que dejó a Locumba totalmente convertido en escombros. Resultado de esto fue que los tinajones y otros voluminosos que tampoco faltaban y que poseían todas las bodegas, con el fuego desarrollado con devastadora fuerza que convirtió al pueblo en impresionante hoguera, explosionaron produciéndose entonces la insólita situación de que por las calles del pueblo circulara el vino como improvisados riachuelos que con acelerada corriente luego iban a conjuncionarse en un solo caudal para en esa forma llegar al río Locumba dando entonces la sensación que en lugar de agua llevaba un caudal de vino. Todo esto mientras el aguardiente y otras bebidas de mayor grado alcohólico sustentaban el pavoroso incendio.

EL SEÑOR NO FUE CALCINADO POR EL FUEGO

Cuando pasaron los graves percances de la Guerra del 79 y las fuerzas chilenas retiraron toda su guarnición del pueblo de Locumba, poco a poco las familias locumbeñas se fueron reintegrando al terruño que lo encontraron en la más triste e impresionante condición y lo que es peor sin poder ubicar el lugar donde habían tenido sitio sus viviendas ni siquiera con la menor referencia. Poco a poco la afluencia del retorno fue mayor y de nuevo con laborioso espíritu, con fé en Dios y firme voluntad se sobrepusieron a la desgracia y sobre los escombros se procedió a levantar nuevas viviendas a la vez que también se accionaba en los campos de cultivo que igualmente habían sido afectados por el fuego, completándose luego esa obra devastadora con el prolongado tiempo de sequía a que estuvieron sometidos esos campos como consecuencia de la falta de riego. Cuando ya se había restablecido en parte la normalidad en el vecindario con el retorno de la mayoría de las familias moradoras de ese lugar, sobrevinieron deseos de agradecer al Todopoderoso por la satisfacción que les había dispensado de poderse reintegrar a la localidad de origen, felizmente sin mayores contratiempos, aparte de las consecuencias propias de la acción bélica que antes se menciona. Fue entonces cuando se propusieron con suma inquietud encontrar la imagen del Señor de Locumba, cuya búsqueda la habían tratado desde el primer momento infructuosamente. Pero ahora con renovados bríos, precisamente quienes habían participado en su ocultamiento procedieron a tratar de ubicar el sitio donde se le había dado cobijo, resultando una tarea bastante difícil por que en medio de los escombros la orientación acertada es prácticamente imposible con los fines de ubicación del sitio que buscaban localizar. Sin embargo uno de los varios grupos que se habían encargado de esa labor, tuvo la suerte de encontrar la tinaja con el precioso contenido que se había quedado inmune al fragor del fuego que impusieron las hordas chilenas. Precisamente para resguardar el sitio de la tinaja parece que se habían acumulado por acción divina algunos escombros donde no habían llegado las devastadoras llamas del colosal siniestro que impusieron, quedando así libre la destrucción de la efigie del Señor, en un lugar que había sido arrasado completamente por el fuego y donde los toneles y demás vasijas habían sido totalmente destruidos. Como es de suponer, esta situación produjo en el ánimo del pueblo, inmenso júbilo porque una vez más la acción de Dios, hacía presente su intervención procurando esperanza y fé en el ánimo de ese angustiado vecindario, víctima de cruentos episodios bélicos y centro del piadoso sentimiento cristiano. Como la acción de la guerra aún se mantenía en diferentes campos del país, por vía de previsión el vecindario locumbeño a iniciativa del señor Salvador Maldonado determinó trasladar la Imagen al pueblo de Ilabaya, acto que se cumplió en imponente manifestación procesional. El caso de la salvación de la imagen del Crucificado en el tinajón es una cuestión que siempre se mantiene en el comentario público debido a que las personas mayores que conocen esta referencia por sus antepasados, cumplen a la vez con enterar a los nuevos familiares que se van sucediendo, manteniéndose así la nitidez de la leyenda a través de todas las generaciones.

 

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